sábado, 31 de enero de 2015

Meditaciones 31 de Enero

Aunque dos codependientes pueden estar en desacuerdo en la definición de codependencia, si discuten entre ellos los hechos, probablemente cada uno de ellos sentirá lo que el otro dice.  Compartirán ideas sobre las cosas que tienen en común –las cosas que hacen, que piensan, que sienten y que dicen– características de la codependencia. Sobre estos puntos –síntomas, problemas, mecanismos de adaptación o reacciones– concuerdan la mayoría de las definiciones y de los programas de recuperación. Estos puntos dictan la recuperación.  Son cosas que necesitamos reconocer, aceptar, aprender a vivir con ellas, luchar en su contra y a menudo cambiar.
Antes de presentar una lista de lo que los codependientes tienden a hacer, diré algo importante: tener estos problemas no significa que seamos malos, defectuosos o inferiores. Algunos de nosotros aprendimos estas conductas desde niños. Otros las aprendieron más tarde en la vida.  Podemos haber aprendido algunas de estas cosas por la interpretación que hemos hecho de la religión.  A Algunas mujeres se les enseñó que estas conductas eran deseables atributos femeninos.  Sea donde fuere que hayamos aprendido estas cosas, aprendimos bien la lección.
La mayoría de nosotros empezamos a hacer estas cosas por la necesidad de protegernos a nosotros mismos y de satisfacer nuestras necesidades. Hicimos, sentimos y pensamos estas cosas para sobrevivir –emocional, mental y a veces físicamente-. Tratamos de entender y de contender con nuestros complejos mundos de la mejor manera. No siempre es fácil vivir con personas sanas y normales.  Pero es particularmente difícil vivir con personas enfermas, atribuladas o perturbadas. Es horrible tener que vivir con un alcohólico delirante.  Muchos de nosotros nos las hemos tenido que ver con circunstancias indignantes, y estos esfuerzos han sido tan admirables como heroicos.  Hemos hecho lo mejor que hemos podido.
Ya no seas codependiente, Melody Beattie

 

Gabriel Pacheco 
31 de Enero, La meditación para las Mujeres que aman demasiado, Robin Norwood:
Aprende a vivir sin tener tu atención centrada en un hombre, considerándolo como tu problema, o más bien como la solución a tu problema.
31 de enero
Meditaciones para mujeres que hacen demasiado, Anne Wilson Schaef
Darnos a nosotras mismas
Alguien casi se marchó con todo lo que tenia.
Ntozake Shange
En tanto que mujeres, solemos ser tan generosas, especialmente con nosotras mismas, que vamos dando pequeños pedazos de nosotras, casi a cualquiera que lo pide. Con el tiempo, apenas lo notamos. A veces, los pedazos que damos son tan minúsculos que parecen realmente sin importancia... un favor por aquí... algo que sabemos que no es correcto y dejamos pasar, por allá... tragarnos la rabia de una injusticia que se nos hace, por otro lado... No podemos solucionarlo individualmente, y no somos conscientes del efecto acumulativo de años de desprendernos de pequeños pedazos de nosotras mismas.
Nos sentamos y gritamos: ¡¡¡Alguien casi se marchó con todo lo que yo tenía!!! Nos hemos dejado casi devorar por los que nos rodean.
Darme a mí misma o ser tacaña no son mis dos únicas opciones. Puedo compartirme a mí misma. Pero para compartirme a mí misma tengo que tener algo que poder compartir.
31 de Enero, Meditación Diaria para Mujeres, libro: Cada día un nuevo comienzo:
La mujer no debe aceptar, sino poder en duda. No debe temer lo que se ha acumulado a su alrededor, sino que debe venerar a la mujer que lleva dentro de sí y que lucha por expresarse.
Margaret Sanger
Nuestro deseo de crecer, de obtener un lugar en el mundo de nuestros amigos, de saber que hemos sido importantes en las vidas de otros, es saludable y necesario para nuestra existencia como mujeres plenas. La necesidad interna de avanzar, de ensayar un nuevo enfoque para un problema viejo, de buscar un nuevo trabajo, de aprender una nueva habilidad, es una prueba de que el Espíritu Eterno de Dios está en nuestro interior.
Cuando seguimos la orientación que nos lleva hacia esos nuevos horizontes, quizás hacia nuevas amistades e incluso hacia una nueva ubicación, descubrimos cuál es nuestra importancia en esta vida. Podemos confiar en esa necesidad y venerarla. No nos llevará por mal camino, a menos que intentemos dirigirla. Cada una de nosotras posee un don especial que ha de expresar en esta vida, entre aquellos hacia quienes hemos sido dirigidos.
Durante años, el miedo hizo que muchas de nosotras reprimiésemos nuestras necesidades internas, pero por fortuna, éstas no nos abandonaron. Ser humana significa desear constantemente ser más de los que somos. Los miedos seguirán surgiendo, pero a medida que los superemos con el apoyo de otras mujeres y de otras amistades, el programa nos dará la emoción del logro. Sabremos que nuestra existencia tiene significado.
La necesidad de crecer, de cambiar, de influir en el mundo que nos rodea, es parte del plan que Dios ha establecido para cada una de nosotras. Confiaré en esa necesidad y dejaré que guíe mis pasos.
31 de Enero, El lenguaje del adiós de Melody Beattie
Pidamos lo que necesitamos
Una noche estaba yo sola, harta y exhausta. Había estado viajando sin cesar, lejos de mis amigos y de mi familia. Había volado de regreso a casa esa noche, pero parecía que nadie se había dado cuenta. La gente estaba acostumbrada a verme en casa. Ya era tarde y empecé a discutir con Dios.
“He estado fuera trabajando duro. Me siento sola. Necesito saber que alguien me quiere. Tú me has dicho que Te diga lo que necesito, y esta noche, Dios mío, necesito particularmente la presencia de energía masculina. Necesito un amigo, alguien en quien yo confíe que le guste estar conmigo en una forma no sexual. Necesito que me abracen. Pero, ¿dónde estás? Me recosté en el sillón y cerré los ojos. Estaba demasiado cansada para hacer cualquier otra cosa que no fuera dejar ir lo que sentía.
El teléfono sonó unos minutos después. Era un antiguo colega que se había convertido en mi amigo. “Hola, chica”, me dijo. “Te oyes muy cansada y con necesidad de hablar. Quédate exactamente donde estás.
Voy para allá a darte un masaje en los pies. Me parece que eso es exactamente lo que necesitas”.
Media hora después tocó mi puerta. Trajo una pequeña botella con aceite y suavemente me dio masaje en los pies, me abrazó, me dijo cuánto me quería y luego se fue.
Sonreí. Había recibido exactamente lo que había pedido.
Es seguro confiar en Dios.

Hoy recordaré que a Dios le importa lo que yo necesito, especialmente si me importa a mí.