martes, 26 de mayo de 2015

Meditaciones 26 de Mayo


Quinto Paso
Admitimos ante Dios, ante nosotros mismos, y ante otro ser humano, la naturaleza exacta de nuestras faltas
Liberandonos a nosotros mismos
Hay un punto al que llego conmigo misma en mis relaciones, que es oscuro y aterrador.  En ese punto, me doy muchas razones por las cuales no puedo decir lo que más necesito decir, no puedo expresar mis sentimientos, no puedo exteriorizar mis necesidades, no puedo ser quien soy, no puedo cuidar de mí misma ni ser feliz.  Cuando estoy en ese punto, tengo muchas razones por las cuales no puedo pedir ayuda a otros, y por las que no puedo pedir ayuda a Dios porque creo que Dios tampoco está interesado.  No me gusta estar en ese punto, así que no entiendo porqué llego allá.  Pero lo hago.  Y cuando hago esto, las cosas que necesito hacer para salir de allí son, con frecuencia, los mismos comportamientos que trato de evitar: pedir ayuda, ser vulnerable, decir lo que necesito decir, y admitir ante mi misma lo que sea que necesito aceptar.
Me atrapo dentro de mí misma.  La solución es poseer mi propio poder de liberarme.
Existe otro lugar igual de aterrador donde voy con la vergüenza que me causan mis errores.  Es un lugar lleno de terror, miedo, culpa acerca de lo que he hecho, y culpa acerca de haber cometido un error.  Es admitir y aceptar quién soy.  Cuando llego allí, me convenzo que la única salida es esconderme y esconder mi error de mí misma y de otros.
Hago esto con errores pequeños y errores grandes.
La solución a este problema es la misma.  Aquello de lo que menos quiero hablar, aquello que menos quiero admitir, es lo que inmediatamente necesito compartir con alguien, alguien seguro, alguien en quien puedo confiar.  Necesito sacarlo de mí misma y ponerlo a la luz, para liberarme.
Quinto Paso de CoDA
 26 de Mayo, La meditación para las Mujeres que aman demasiado, Robin Norwood:
"El verdadero cambio requiere un sometimiento que equivale a una crucifixión"





26 de Mayo, El lenguaje del adiós de Melody Beattie
Los chismes
La intimidad es el cálido don de sentirnos conectados a otros y de disfrutar nuestra conexión con ellos. 
A medida que crecemos dentro de la recuperación, encontramos ese don en muchos lugares, a veces sorprendentes. Podemos descubrir que hemos desarrollado relaciones de intimidad con gente en el trabajo, con amigos, con gente de nuestros grupos de apoyo, a veces con miembros de la familia. Muchos de nosotros estamos descubriendo la intimidad en una relación amorosa especial.
La intimidad no es sexo, aunque el sexo puede ser íntimo.
La intimidad significa tener una relación mutuamente honesta, cálida, solícita, segura –una relación donde la otra persona puede ser como es y nosotros podemos ser como somos- y ambas personas se valoran.
 A veces hay conflictos. El conflicto es inevitable. A veces hay sentimientos molestos que superar. A veces cambian los límites o parámetros de una relación. Pero hay un vínculo de amor y confianza.
Hay muchos obstáculos para la intimidad y para las relaciones de intimidad. Las adicciones y el abuso bloquean la intimidad. Los asuntos de la familia de origen no resueltos impiden la intimidad. El control inhibe la intimidad. Las relaciones desequilibradas, donde hay una discrepancia de poder demasiado grande, previenen la intimidad. El fastidiar, aislarse y quedarse callado puede perjudicar la intimidad. Lo mismo ocurre con una conducta tan simple como el chisme, por ejemplo, chismear acerca de otro para menospreciarlo y así sentirnos superiores o para juzgar a esa persona. Discutir los asuntos de otra persona, sus defectos o sus fallas con alguien más tendrá un predecible impacto negativo sobre la relación.
Nos merecemos disfrutar de la intimidad en la mayoría de nuestras relaciones, siempre que esto sea posible. Nos merecemos relaciones que no hayan sido saboteadas.
Eso no significa que debamos caminar con la cabeza en las nubes; significa que debemos luchar porque nuestra motivación sea pura cuando hablamos acerca de otras personas.
Si tenemos un asunto serio con alguien, la mejor manera de resolverlo es hablar de ese asunto con esa persona.
Una conversación directa, limpia, despeja la atmósfera y pavimenta el camino hacia la intimidad, hacia los sentimientos agradables acerca de nosotros mismos y de nuestras relaciones con los demás.
Hoy, Dios mío ayúdame a dejar ir mi miedo a la intimidad. Ayúdame a luchar para mantener limpia mi comunicación con los demás y libre de chismes maliciosos. Ayúdame a trabajar hacia la intimidad en mis relaciones. Ayúdame a lidiar con mis sentimientos tan directamente como sea posible.
26 de Mayo, Meditación Diaria para Mujeres, libro: Cada día un nuevo comienzo:
Cada crisis nos da la oportunidad de renacer, de concebirnos nuevamente como individuos, de elegir la clase de cambio que nos ayudará a crecer y de realizarnos más plenamente.
 Nena O´Neill
 Antes de decidir recuperarnos, la mayoría de nosotras iba de una crisis a otra. Muchos días buscamos la inconsciencia del alcohol y las drogas en lugar de afrontar los miedos que nos consumían. Probablemente, para muchas de nosotras era imposible imaginar que una crisis pudiera ser una herramienta de crecimiento.
Aún ahora, incluso en nuestro programa de recuperación, y a pesar de que las nubes comienzan a disiparse y de que nos sentimos más satisfechas con nosotras mismas, una crisis puede abrumarnos durante un tiempo. Sin embargo, hemos hallado la ayuda para resolverla. Podemos respirar profundamente, recurrir a nuestro Poder Superior y escuchar los mensajes de nuestros amigos. Y podemos elegir de entre muchas opciones a fin de realizar la acción correcta en este momento.
La vida es un aprendizaje permanente. Y podemos considerar que las crisis son nuestros deberes. No vienen para derrotarnos, sino para ayudarnos a crecer, a aprobar la siguiente etapa de la vida.
Buscaré lo que el día de hoy me tiene que enseñar y me sentiré feliz al comprobar que estoy avanzando.
26 de mayo
Meditaciones para mujeres que hacen demasiado, Anne Wilson Schaef
Vivir plenamente
Y llegar a través de nuestras vidas... de toda la vida... al corazón del cosmos que es nuestras propias almas.
Sonia Johnson
Cada una de nosotras es un cosmos en sí misma.
Cuando vivimos la vida plenamente, somos personas separadas entre sí, y también somos unas con el universo.
Somos nosotras mismas con nuestros límites, y también estamos conectadas con todas las cosas.
Afortunadamente, no se nos pide que vivamos la vida de otra persona. Todo lo que tenemos que hacer es vivir nuestra propia vida, y esto parece que ya es suficiente.
Cuando vivimos plenamente, nos permitimos saborear toda la gama de nuestras experiencias. Vemos lo que vemos, sentimos lo que sentimos y sabemos lo que sabemos. Aceptamos cualquier oportunidad de vivir conforme a nuestras propias almas.

Por suerte, vivir la vida plenamente no es una tarea. Es una oportunidad.